Me sentí un poco como Gardel cantando "Volver"..."Volver para volver a partir como antes, dejando el corazón...".
El calor húmedo y sofocante de la capital argentina me hizo volver a la realidad: llegar a Argentina era llegar a Alvear, Mendoza...Es decir,todavía no había llegado a destino. Pero las imágenes de mi partida (o de mis tantas partidas), de mi vida allí, de la "maki"-en-Argentina se agolpaban como remolino.
Es como que de pronto volví a comprender quién era yo, quién soy yo.
En Retiro, era una locura. Esta estación de colectivos, es, si se quiere, una radiografía social y cultural de la Argentina. Pasajeros de todos los confines del país embarcan y desembarcan a diferentes destinos, cada uno con su historia y con su acento propio.
Al bajar del taxi me largué desesperada a buscar pasaje para Alvear, "Alviar", sí, donde fuere y con quien fuere...al final conseguimos los últimos que quedaban.
Salimos como a las 20 hs y si bien el cambio de horario nos permitió tener luz hasta las 22hs no pudimos ver de cerca esa ancha planicie llamada "pampa", que quedará para mi marido sólo como una realidad virtual de girasoles, vacas y soja. Aunque le haya jurado que existe.
No importa, lo mejor estaba por llegar. Sólo dormirnos después de Liniers y despertarnos en Argentina, en Alvear.
"Pero el viajero que huye
Tarde o temprano detiene su andar...
Y aunque el olvido, que todo destruye,
Haya matado mi vieja ilusion,
Guardo escondida una esperanza humilde
Que es toda la fortuna de mi corazón".
Tarde o temprano detiene su andar...
Y aunque el olvido, que todo destruye,
Haya matado mi vieja ilusion,
Guardo escondida una esperanza humilde
Que es toda la fortuna de mi corazón".


