viernes, 20 de junio de 2008

La verdad de los actos escolares en Argentina


Leyendo el blog de los chicos de la Escuela Normal de Mendoza, me encontré con este maravilloso artículo escrito por CARLOS GUSTAVO FARINA: la verdad de los actos escolares.

Farina nos hace un relato de un acto escolar cualquiera, tal vez los famosos "Forma 1", que son los actos conmemorativos más importantes: revolución de mayo, día de la bandera, independencia, San Martín...
Para quienes no sean argentinos y no entiendan nada, les cuento que en Argentina, desde el siglo XIX y sobre todo, durante los gobiernos militares de principios del XX, se decidió incluir "actos" de tipo militar en las escuelas.
¿Por qué? La idea era fortalecer "la identidad nacional", transmitiendo en las nuevas generaciones (había una gran diversidad dada por la mixtura de razas y nacionalidades) un universo común de valores "nacionales" (las comillas son a propósito) una "idea" de "nación argentina", a partir del aprendizaje de una "historia oficial" plagada de héroes de bronce y una serie de símbolos "patrios".
A partir de la enseñanza de la historia y la geografía, pero especialmente, gracias a la celebración de estos actos, que todos los niños argentinos hemos asistido durante nuestra escolarización a actos escolares conmemorando desde el "día del libro" hasta "el día del maestro mendocino", pasando por "días" más importantes y solemnes, como el de la muerte de San Martín, nuestro héroe nacional o la de Belgrano.
No falta en ninguna escuela (como para estar bien seguros) pizarras y carteles en las paredes y galerías, que recuerdan con alguan frase, el calendario de fechas patrias.

En los actos, suele haber la presencia de la bandera nacional portada por un abanderado y dos escoltas (son los mejores alumnos del último año), el canto del Himno Nacional y de alguna otra marcha patriótica correspondiente a la fecha, y los eternos y sempiternos y floridos discursos de directores o maestros. Si la fecha es importante y después del retiro de la bandera (porque a la bandera, que parece ser que es una SRA muy oronda, hay que respetarla) se acostumbra presentar un sketch, obra de teatro, danza folklórica o número artístico.
En la primaria, las pobres maestras de música y de plástica son las encargadas de la parte "artística" (incluido el plegado de guirnaldas celestes y blancas o de elegir la versión del himno, cuando no es alguna horrenda interpretación a destiempo en el piano del mismo!!) mientras que los maestros o profesores de las materias importantes se encargan de las "glosas" (las frases que introducen cada parte del acto) y del discurso.

Creo que los actos patrios tuvieron su razón de ser, tal vez ayudaron a forjar "algo" de conciencia nacional, pero viendo la falta de identificación como "sociedad" que tenemos hoy los argentinos (y viendo sobre todo el nivel de los políticos) , para lo único que sirven hoy es para cantar el himno cuando juegan los Pumas, las Leonas y en menos nivel de intensidad, la selección de fútbol. O para salir de vacaciones el fin de semana largo.
Yo propongo no eliminarlos, sino "reciclarlos", y ver de qué forma podemos utilizarlos para que formen parte de una verdadera educación, argentina (en el mejor de los sentidos) y humana (también). Ver cómo podemos rescatar y estar orgullosos de las personas que dieron todo por el país, por la comunidad, rescatar a los héroes cotidianos y a veces anónimos de nuestra hermosa argentina.
Lean el artículo de Farina porque está bárbaro!


Hay cosas copadas que se pueden hacer con la bandera:
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El Himno a San Martín en acto escolar cualquiera:
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El Himno a San Martín "reciclado" por Lito Vitale, en la voz de Pedro Aznar, la verdad, una belleza este himno:
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Otro versionado de Vitale, la marcha de San Lorenzo, onda beatlera, con la voz de Lerner y Maria Elena Walsh. Agrego a la explicación del video, algo que la historia oficial no nos contó nunca, y es que el Sargento Cabral además de correntino era negro:
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En 4 grado nos aprendimos de memoria la Marcha de las Malvinas. Cada vez que la escucho se me vienen imágenes de esa época, pero es un sentimiento triste: yo ya sabía que era una guerra imposible de ganar, ridícula, y al mismo tiempo, la pena que sentía por todos esos chicos (chicos chicos!) que dejaron su vida allá, con o sin el sueño de soberanía:
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